4 agosto

Un día intenso

Comenzamos la jornada como siempre con un delicioso desayuno del padre Justo. Esta vez es arroz con huevo frito. Hoy por primera vez vamos a visitar una vereda (la de Muchivioy) donde haremos actividades con los niños. Vamos en la camioneta disfrutando de las vistas y los "botes de la furgoneta.






Al llegar, los pequeños y las profesoras nos recibieron con un fuerte aplauso y abrazos cálidos. Son 20 niños desde los 5 años hasta los 10, todos en el mismo aula (salón) con material compartido y pocos recursos didácticos. Después de presentarnos y conocernos salimos al patio a jugar con ellos.





Les enseñamos el juego del pañuelo, ellos nos enseñan el juego de "agarrar" y finalmente jugamos a la gallinita ciega. Los cooperantes quedamos rendidos... ¡Los niños aún podrían haber seguido jugando muchísimo más!



En su humilde cocina, la cocinera nos ha preparado arroz con papas y agua panela. Al acabar, dos de las madres de niños apadrinados nos invitan a visitar su rancho. Allí quedo alucinada de las condiciones en las que viven. Con un simple salón de suelo de madera y una cocina aguantada por piedras, viven felizmente, incluso más que gente que lo tiene todo.


Sigue sorprendiéndome lo orgullosos y dignos que nos muestran sus propiedades, cómo se esfuerzan para que nos sintamos como en casa, regalándonos fruta; ésta vez se trata de un pepino fruta!




Seguimos nuestra visita hacia el siguiente rancho, me paro a pensar en el camino dificultoso y largo que tienen que hacer los niños cada día para ir a la escuela. Pasamos por ríos, por praderas (rozando las vacas), por cuestas y caminos escondidos. Mínimo son 20 minutos. ¡No sé si yo podría hacerlo cada día!





La mujer que nos la enseña nos dice que realmente ella no vive allí, que solo trabaja. Generosamente nos corta un buen trozo de caña de azúcar para cada uno... Masticarla nos trae recuerdos de nuestra niñez.




Volvemos a la vereda donde todos los alumnos nos están esperando para cantarnos y dedicarnos unas palabras de agradecimiento. Qué sorpresa cuando los pequeños nos entregan una postal hecha por ellos en ese ratito que hemos estado fuera.


Al marchar nos vamos con la camioneta del P. Justo donde nos acompañan una docena de niños que viven lejos del colegio. Gonzalo y yo, en la parte trasera, muy arropados por todos los pequeños, no podemos evitar mirarnos y darnos cuenta de la realidad que estamos viviendo; un paisaje ideal, unos niños puros y felices, una experiencia que nos marcará para siempre... Una sonrisa de plena felicidad se nos dibuja en la cara.






A las 15.00 los vecinos de Santiago esperaban impacientes el comienzo de los talleres de Shakira, pintura y rosario. Los cooperantes nos dividimos en grupos de dos. Mientras unos asisten al fútbol, los demás vamos a ayudar y a participar en los talleres artesanales. En el taller de Shakira me doy cuenta de la paciencia que tienen los santiagueños. El material es escaso, por lo tanto toca esperar mucho para clavar los clavos (solo hay un martillo) y para anudar el hilo,.. Mari, algunos niños y yo, optamos por coger una piedra del patio para clavar los clavos. Sin dudarlo, es un trabajo manual muy relajado, muy laborioso y delicado.










A las 19.00 asistimos todos a la capilla del barrio San José Manyanet. Todos los vecinos están presentes, acabamos la misa de una manera muy emotiva.




Unos vecinos insisten en invitarnos a un tinto (café) en su casa del barrio, una de las casas construidas por nuestra ONG. Una casa acogedora, con dos habitaciones, comedor y una cocina (mucho más que las casas que estamos acostumbrados a ver). Como siempre, "las niñas" no podemos evitar coger al gatito.




Vamos rápido hacia casa de padre Justo, que nos espera para cenar. Concluimos el día con una reunión, en nuestra sala de reuniones improvisada, expresando cada vivencia del día, como nos sentimos y planificamos el día siguiente.


Atentamente, Elena Cots.

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